Estivill sigue de moda. Lamentablemente.

¿Por qué seguimos escuchando que a los bebés se les debe dejar llorar?

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1.

Estaba embarazada, seguramente de seis meses, cuando unos compañeros de trabajo nos invitaron a mi esposo y a mí a cenar. Ellos son padres de dos niños. Ellos estaban felices por nuestra paternidad inminente, y nosotros, como padres primerizos, aprovechábamos para pedirles recomendaciones sobre libros infantiles y pediatras en la ciudad. No sé en qué momento nos contaron que a su hijo mayor lo dejaron llorar. Por más que intento recordar cómo llegamos a ese tema, no logro hacerlo; tal vez estábamos hablando de las desveladas. Tampoco me acuerdo de cuántos días ni por cuánto tiempo lo dejaron llorar; nos dieron números, pero no sé. Lo que sí recuerdo es que él nos dijo: “Es que solo se quería dormir en brazos”, y ella: “Fue horrible. Yo también lloraba”.

2.

Mi bebé tenía una semana de nacido y tuvimos control con el pediatra. Le empecé a hacer todas las preguntas de una madre primeriza que no se había informado sobre el cuidado del recién nacido, porque ingenuamente pensaba que todo se daría sin mayor cuestionamiento: “Doctor, ¿está bien que pida teta cada hora?, doctor, ¿está bien que quiera estar en brazos todo el tiempo? doctor, ¿está bien que se despierte a cada rato por la noche?”.

El pediatra me dijo que era perfectamente normal que mi bebé pidiera teta cada hora así como que se despertara continuamente a pedirla, pero que de todos modos, sería bueno que me comprara un libro sobre el sueño infantil, cuyo título y autor apuntó en la receta: “Duérmete niño”, de Eduard Estivill. La verdad es que en ese momento no le presté mucha atención, porque como mamá de un recién nacido lo último que se me pasaba por la cabeza era ir a una librería.

3.

Mi bebé tendría poco más de un mes de nacido cuando descubrí los blogs de maternidad. Con él pegado a la teta, intentaba leer todo, absolutamente todo aquello que no leí durante el embarazo. Me pasaba el día entero dando de lactar, con la laptop al costado, fascinada con el nuevo mundo que acaba de descubrir: madres compartiendo sus vivencias; madres brindando apoyo a otras madres; madres haciendo que la maternidad sea un poco más fácil para aquellas primerizas como yo.

Y de pronto me topé con un nombre conocido, un apellido que me sonaba de algún lado. ¿No era acaso el autor que me había recomendado el pediatra? (!!!) Y entonces me puse a leer sobre él. Me puse a leer a estas muchísimas madres que unían esfuerzos para difundir las terribles consecuencias que tiene el método Estivill en los bebés y niños a quienes supuestamente se les enseña a dormir.

Así fue como di con el nombre de Rosa Jové (cuyo libro sí compré), quien explica claramente lo perjudicial que resulta aplicar este método:

“Los métodos de adiestramiento no enseñan a dormir, solamente provocan un shock emocional que altera en el menor los niveles de las principales hormonas que regulan nuestra emociones, y además le demuestran que no vale la pena quejarse porque nadie le responderá […] Las secuelas más importantes de estos métodos a corto, medio y largo plazo son: trastornos de ansiedad, depresiones, indefensión aprendida, trastornos del apego, trauma por estrés agudo y síndrome de estrés postraumático” (Dormir sin llorar 217).

4.

Vuelvo a preguntarme, si ha habido estudios al respecto y la información está disponible, ¿Por qué seguimos escuchando que a los bebés se les debe dejar llorar?

Y me hago esta pregunta, porque ya con mi bebé en brazos, más de una vez me recomendaron dejarlo llorar para que no se despertase por las noches:

  • Una señora me contó que para ella las desveladas fueron terribles, porque su bebé de seis meses se seguía despertando a pedir biberón. Así que para solucionar el “problema”, no solo le empezó a dar agua en vez de leche (como le habían aconsejado), sino que además lo dejó llorar y llorar un par de noches, hasta que de pronto, de un momento a otro, dejó de despertarse por las noches. Me recomendó hacer lo mismo para que yo “descanse”.
  • Un señor se sorprendió cuando escuchó que mi bebé se seguía despertando por las noches. “Ya es hora de dejarlo llorar. Eso da mucha pena, pero hay que hacerlo”, recomendó.
  • Una vez escuché a una mamá y una profesora de nido:

Mamá: El pediatra me dijo que le dejara de dar de lactar a los seis meses, porque ya no era necesario. Pero mi bebé se seguía despertando por la noche, quería que lo cargara, pero yo no podía hacerlo. Tenía que dejarlo llorar… caballero. Lo dejé llorar como dos semanas, pero no se calmaba nunca. Una noche no pude más y lo cargué.

Profesora: Uy, entonces te logró manipular.

6.

¿Por qué escribo esto?

Porque hace unos días encontré en un sitio web para embarazadas, un artículo titulado “Colecho vs. Estivill”, el cual empezaba señalando: “Ambos son métodos para hacer dormir a los niños y ambos son correctos”, y luego, con relación al método Estivill: “… es más difícil para la mamá que para el hijo”.

Simplemente no lo podía creer. No podía creer que un sitio web supuestamente serio, un sitio web que da consejos a embarazadas, publicara un artículo que de forma tan irresponsable, ignorara por completo las consecuencias que genera el dejar llorar a un bebé; un artículo, además, carente de referencias bibliográficas, en donde el único testimonio al cual se hace mención es el de “una amiga muy cercana que tiene hijos de 5 y 2 años y ambos durmieron perfectamente con estivill” (con minúsculas en el texto original).

Entonces me pregunto ¿No pudieron acaso haber investigado un poco más? ¿Cómo pudieron pasar por alto las críticas que este método ha venido recibiendo en los últimos tiempos?

Escribo este post porque es lamentable que se sigan tratando de manera tan superficial, temas tan cruciales en cuanto al cuidado y la crianza del bebé.

Escribo este post porque no me parece justo que un sitio que supuestamente brinda información útil a embarazadas, haga precisamente lo contrario: desinformar.

7.

Dejé un comentario en el artículo, el cual ya lleva días pendiente de aprobación, y les escribí un e-mail desde mi correo personal que todavía no me contestan. En él, les sugería leer algunos los siguientes enlaces:

http://iboneolza.wordpress.com/2012/06/06/desmontando-a-estivill/

http://dormirsinllorar.blogspot.com/2007/08/reflexiones-sobre-el-metodo-estivill.html

http://dormirsinllorar.blogspot.com/2010/02/funciona-el-metodo-estivill-y-similares.html

http://dormirsinllorar.blogspot.com/2014/02/mi-padre-invento-el-metodo-estivill.html

http://naceunamama.com/600/por-que-no-hay-que-aplicar-el-metodo-estivill

http://es.paperblog.com/estivill-delira-719425/

http://lacienciadelsuenoinfantil.blogspot.com.es/

Ojalá los lean.

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Herencias que nunca usé

Una de mis mejores amigas de Lima vive en Gringolandia, y es mamá de dos hombres. Cuando se enteró de que yo estaba esperando un hombrecito, no solo se puso feliz sino que además me dijo: “Dianis! no sabes todas las cosas que tengo para mandarte!”. Y dicho y hecho, me envío dos bolsas gigantes de ropa… NUEVA! Ropa nueva, completamente sin estrenar; ropa que alguna vez compró para sus hijos en esos descuentos gringolandeses que a cualquier madre hacen perder la razón (¿Polos a 3 dólares? ¡Me llevo cinco!), ropa que nunca llegó a ponerle a sus hijos y que gentilmente me la heredó. Sin embargo, ahora que lo pienso, esa ropita en realidad no fue una herencia, sino más bien un regalo, ya que como les dije, estaba nueva.

Pero del mismo modo en que hubo regalos así de inesperados, mi bebé recibió un par de herencias que en realidad nunca usó:

1. Monitor: No sé si fue culpa de las películas gringas, pero cuando quedé embarazada, el monitor era para mí un must! Quería uno hasta con pantalla, para que cada vez que quisiera chequear que mi hijo estuviera respirando, no tuviera que acercarme a su cuarto y correr el riesgo de (¡oh no!) despertarlo. Además, me habían dicho que mi bebé podía sentir mi ansiedad o preocupación al entrar constantemente a su cuarto para mirarlo, así que era mejor dejarlo dormir tranquilo y vigilarlo desde lejos.

La realidad fue que mi bebé durmió en nuestro cuarto hasta pasado el año y siempre sus siestas cerca de mí, así que el intercomunicador heredado nunca salió de su caja.

2. Esterilizador de biberones: Nuestro microondas se había malogrado desde antes de quedar embarazada, así que estuve a punto de comprar un esterilizador de biberones eléctrico que nunca supe bien en dónde iba a guardar. Y entonces llegó a mis manos un esterilizador de microondas, el cual era tan grande que tuvimos que tomarle las medidas para comprar un microondas en donde cupiera. Sí, no compramos un esterilizador para el microondas, sino un microondas para el esterilizador.

El resultado fue que establecimos la lactancia y nunca lo usamos. Y cuando empezó la alimentación complementaria, se me hizo mucho más fácil the old fashioned way: pasar los recipientes por agua caliente. El microondas sí que sirve hasta el día de hoy para calentar el arroz.

3. Calentador de biberones para el carro: Hasta el momento, no he conocido a nadie que los haya utilizado, y cuando lo recibí la verdad es que me pareció súper práctico para salir a pasear. Pero dado que di de lactar mucho más allá del año, no hubo ninguna leche que calentar.

4. Ropa usada: Este es un aspecto que puede herir susceptibilidades, pero no puedo dejar de mencionarlo. Antes de ser mamá, otra de mis mejores amigas que ya era mamá me dijo: “Dianis, al principio vas a querer que toda, pero toda la ropa del bebé esté nueva, pero con el tiempo te vas a dar cuenta de que como es tan cara, siempre es bueno recibir una que otra herencia, así que tú nomás acéptalas”. Y creo no le falta razón. Sin embargo, creo también que es una decisión personal. Así como he conocido mamás que no aceptan ropa usada porque esta podría trasmitir a su bebé una energía distinta, creo que la percepción del estado en que se encuentra la ropita varía de persona a persona, y por lo tanto, lo que a alguien podría parecerle aceptable, para otro sería impensable.

Y a ustedes ¿Cómo les fue con las herencias?

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Compras Inútiles: 5 productos que como mamá nunca usé

Hace dos años, aún no sabía que pronto estaría embarazada (si lo hubiera sabido, tal vez no hubiera mandado a meter aquel vestido que usé solo una vez :P) Seguramente, un día como hoy estaría dando una clase o preparando una presentación para un congreso. Porque lo cierto es que apenas regresé de dicho congreso, me enteré de que iba a ser mamá J

Y entonces empezaron los planes. Bueno, en realidad empezaron cuando por fin desaparecieron las náuseas y dejé de quedarme dormida parada. Los mil y un preparativos para la llegada de mi retoño me llevaron a pasarme horas en internet buscando información sobre el embarazo, y también sobre tooooodas las cosas que supuestamente iba a necesitar para mi bebé. Como en ese entonces tenía más tiempo libre, hice una lista con tooooodos los productos que iba a necesitar, la cual aplicadamente anoté en una hoja de Excel.

Por suerte, creo que no me dejé llevar por el consumismo extremo, al cual podemos ser proclives las madres primerizas. Hoy en día, veo la lista y puedo decir que la gran mayoría de cosas que compré realmente las usé.

Sin embargo, hay ciertos enseres que no recomendaría comprar:

1. Sostenes de lactancia:

Me compré 4. Sí, todos esos. Hice caso omiso a la propia vendedora que me dijo: “Con 1 es suficiente, en la casa no los necesitas”. Dos eran de color blanco, y dos de color beige. Me parecían tan sexys como un calzón de monja.

La vendedora tenía razón: en la casa ni los usas. Y cuando sales, con un top la tienes más fácil. No tienes que preocuparte de si se nota o no la tira, y un top queda bien debajo de cualquier modelo de vestido, polo o blusa.

2. Cojín de lactancia:

Lo mandé a hacer. Y me lo hicieron muy gordo. Todavía me acuerdo ver llegar a mi mamá a la clínica con ese croissant gigante colgado del brazo. Nunca lo usé como se supone, es decir, colocándolo alrededor de tu cintura, sobre tus piernas, sino que siempre lo ponía a un costado, como descansa brazos. Podría haber hecho lo mismo con cualquier almohada ¿no?

3. Formador de pezón:

Me lo compré por si acaso, y lo único que conseguí fue una irritación y un dolor del carajo indescriptible.

4. Colchón antirreflujo

¿Por qué asumí que mi bebé en la panza iba a tener antirreflujo? Cuando el pediatra me dijo que no era necesario (así como esos aparatitos que suenan si el bebé deja de respirar), ya también lo había mandado a hacer, con sábanas y todo. Ahora recuerdo que la señora donde lo mandé a hacer me dijo: “Es que hoy en día todos los bebés nacen con reflujo” :S

5. Pañalera

La verdad es que a mí me hubiera ido mucho mejor con una mochila. Incluso con la que tengo hace como diez años, porque la conozco bien. ¿No les ha pasado que cuando cambian de cartera siempre se les pierde algo? Bueno, al cambiar yo de cartera a pañalera, no estaba familiarizada con sus múltiples compartimientos, y en cada emergencia de pañal me ponía histérica al no encontrar las cosas.

Y a medida que mi hijo fue creciendo la pañalera me siguió pareciendo poco conveniente, porque no hay nada más complicado que perseguir a un niño con un bolso colgando de un brazo. Hasta el día de hoy, si salgo sola con mi niño, ni siquiera llevo mi cartera: meto todo en la mochila.

Imagen tomada de Pinterest

Imagen tomada de Pinterest

Ustedes ¿qué opinan? ¿cuáles fueron sus compras inútiles?

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La maternidad de la A a la Z: Z de Zenit

Zenit es el punto culminante o momento de apogeo de alguien o algo. “Está en el zenit de su gloria” es el ejemplo que da la RAE.

¿Cuál es el momento de apogeo de la maternidad?

Podríamos decir que es el momento del parto natural (o vaginal, o como prefieran llamarlo); esa maravillosa experiencia que lamentablemente no puedo describir por falta de conocimiento, ya que mi bebé nació por una cesárea de emergencia.

Podríamos entonces decir que es el momento en que se establece la lactancia; ese precioso instante en que se agarra de tu teta y empieza a succionar como buen mamífero que es, ante tus ojos maravillados, que no pueden creer que esta criaturita se esté alimentando de tu propio cuerpo. Sin embargo, hay lactancias que no se dan, y no por ello, la maternidad deja de alcanzar su apogeo.

Porque el zenit de la maternidad no se alcanza solamente por la forma en que hayas dado a luz o hayas alimentado a tu bebé.  El zenit de la maternidad se alcanza cuando, por ejemplo, te das cuenta de que puedes consolarlo, cuando se queda plácidamente dormido en tus brazos, cuando te regala su primera sonrisa, cuando sabes que darías la vida por él.

Porque a medida que va pasando el tiempo, esa cúspide sigue alcanzándose la primera vez que te dice “mamá”, la primera vez que te da un beso, la primera vez que sonríes cuando en realidad quieres llorar, la primera vez que se enferma y realmente quieres ser tú quien la esté pasando mal, ser tú quien tenga la fiebre, los cólicos, y esa carita de dolor que te parte el alma.

Porque el auge de la maternidad se vive en el día a día; en ese abrazote por las mañanas, en esas cosquillas por la tarde, en ese besazo de buenas noches y en esos encuentros de madrugada.

Porque ese zenit se alcanza cuando te das cuenta de que tu niño realmente se muere por ti, aunque definitivamente tú más por él.

zenit

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Si deseas, puedes leer el resto del diccionario en los siguientes enlaces:

A de Años - B de Barriga - C de Colombia - D de Dudas - E de Escribir - F de Fragilidad - G de Grinch - H de Hija - I de Insomne - J de Jerga - K de Kafkiano - L de Libros - M de Madrugada - N de No - ñ de ñusta - O de Odisea - P de Planes - Q de Quién soy  - R de Rencillas - S de Sonreír - T de Trampas - U de Urbana - V de Volver - W de Wantán -X de Xuxa - Y de Yunaites - Z de Zenit

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The Versatile Blog

Hoy le damos la bienvenida al mes de abril (no a la primavera, tampoco al otoño, porque en donde vivo no hay estaciones y aún sigo sin entenderlo…) recibiendo y entregando un nuevo premio ☺

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Esta vez se trata del premio The Versatile Blog, otorgado por Vanessa Villareal, argentina, amante de los gatos y autora de Una Bruja y sus dos sapitos, quien cree que las mujeres no solo tenemos algo de brujas, sino también de princesas. Muchas gracias Vanessa!

Para recibir este premio, debo, dicen las reglas, escribir 7 cosas acerca de mí. Así que allá van:

1. Mis días comienzan muy temprano con un “Mamá!”, muchos besos y abrazos, y la mayoría de veces, un rayo de sol.
2. Continúan con las típicas lides para preparar y tomar desayuno, luego viene Jake el pirata y Pocoyó.
3. Mis mañanas transcurren entre árboles y flores, un pino, y la visita a un par de gatos.
4. Nunca en mi vida pensé que me iban a gustar los gatos.
5. Tampoco imaginé que me iba a divertir tanto recogiendo pétalos rojos y ramitas del pasto.
6. Mis tardes suelen estar acompañadas de juegos, siesta, lluvia y una taza de café.
7. Mi día termina con más besos y abrazos, una luz tenue y leche.

Y a continuación, he de nominar a 15 blogs para recibir este premio:

http://ninosfelicesninosbuenos.blogspot.com/

http://mamalatinaenphilly.com/

http://www.tecuentounpokis.com/

http://madremaya.wordpress.com

http://quehagoyoenbulgaria.blogspot.com

http://lamamadesara.blogspot.com/

http://lasonrisademiniyo.blogspot.com/

http://mischiquiticos.com/

http://aidaerian.blogspot.com.es

http://yonosoysuperwoman.blogspot.com.es

http://mamanenufar.blogspot.com.es/

http://www.diariodeunamadre.com

http://menuda-manada.blogspot.com.es

http://mipequedemonio.blogspot.com.es/

http://www.mamaquieroleche.com/

Les mando un abrazo grande y que disfruten del mes de abril ;)

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La maternidad de la A a la Z: O de odisea

Una odisea es un viaje largo en el que abundan las aventuras, tanto adversas como favorables, al viajero. Para mí, “La maternidad de la A a la Z” ha sido una odisea, pues ha constituido una especie de viaje interior.

Cuando por fin decidí abrir este blog, no tenía muy claro sobre qué quería escribir. Por supuesto sabía que quería contar mi vivencias como mamá (si no de dónde habría sacado el nombre :P), pero no sabía desde qué enfoque hacerlo. Incluso, cuando publiqué mi primer post, ni siquiera me había tomado el trabajo de escribir una página acerca de mí y me había limitado a escribir la siguiente frase: “Las mujeres necesitamos hablar, sobre todo cuando somos mamás”; la cual luego acorté y dejé como “Las mamás necesitamos hablar”.

Ahora me doy cuenta de que (de manera consciente o no) lo que quería hacer era quejarme. Sí, lo que yo quería era quejarme de todas aquellas cosas que complicaban mi vida como mamá, y al no tener con quién hacerlo face to face, decidí lanzar mis pensamientos a la red.

Y llegué al AZ por casualidad.

Y ahora que casi un año después nos acercamos a la fecha final de la elaboración del diccionario, puedo decir que gracias al AZ, me di cuenta de que una de aquellas cosas (tal vez la principal) que complicaban mi vida como mamá era el ser una mamá en el extranjero que se sentía sola. Por eso necesitaba hablar. Vaya descubrimiento.

Y hablé. Hablé más de lo que pensé que iba a hablar, y a veces creo que he hablado más de lo debido (pero no importa). Y así, hablando (y lo que es mejor, contando con interlocutoras), me di cuenta también de que por añorar una o más situaciones ideales, corría el riesgo de dejar de disfrutar todo lo maravilloso que me ofrece aquí la vida.

Y creo que fue precisamente por ese motivo que dejé de darle tanta cabida a la queja, y paulatinamente le fui otorgando más y más espacio a mis sentimientos, para así terminar compartiendo mis alegrías, mis penas, mis dudas y mis cuasi certezas. “La maternidad de la A a la Z” ha sido pues una odisea, un viaje interior, un ejercicio de introspección altamente recomendable.

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Hace poco una mamá bloguera me decía que ella escribía un blog para no ir a terapia, así que tomo prestadas sus palabras porque creo que el AZ me ha ahorrado precisamente la terapia.

Por eso, no puedo terminar este post sin antes darle millones de gracias a Vero, Trimadre a los 30, por idear y plasmar tan efectivamente esta idea, por invitarnos a conocernos un poco más, por motivarnos a trabajar en conjunto en la elaboración de un diccionario colectivo de la maternidad.

Tampoco puedo dejar de agradecer a todas las comadres que conocí y sigo conociendo a lo largo de esta odisea. Muchas gracias por sus visitas, lecturas y comentarios, muchas gracias por acompañarme en este viaje interior. Pero sobre todo, muchas gracias por sus escritos, por compartir momentos de su vida, por abrir su corazón.

He hablado, sí. Vaya que he hablado. Y lo seguiré haciendo. Al fin y al cabo, las mujeres necesitamos hablar.

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Si deseas, puedes leer el resto del diccionario en los siguientes enlaces:

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http://trimadre.blogspot.com.es/p/jjj.html

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(Casi) Un año después

Pensaba escribir esta entrada la próxima semana, el 1 de abril, cuando este blog cumpliera un año de vida. Mientras tanto, pensaba escribir mis dos últimos post de “La maternidad de la A la Z”, porque increíblemente me faltan solo dos letras y, contra todo pronóstico, voy a completar mi diccionario en la FF (fecha finish). Sin embargo, no pude esperar. Casi un año después de que le diera por primera vez clic al botón de publicar, son tantas las cosas las que se me vienen a la mente que haré un breve recuento de esta historia.

Descubrí los blogs de maternidad, creo que googleando “mi bebé tiene gases” y “dar de lactar en público”. Esos fueron pues mis primeros grandes dramones como mamá, porque aquí entre nos, al principio no tenía la menor idea de cómo cuidar a mi recién nacido, y las hormonas (esas malditas traidoras) me hacían llorar ante la primera duda que se me pasaba por la mente.

Cuando por fin dejé de llorar, me convertí en una lectora voraz de cualquier tipo de artículo relacionado con la maternidad que se cruzara por mi camino virtual. Así que con bebé prendido de la teta y laptop en mano, navegaba y navegaba, acumulando información compulsivamente, y agradeciendo al universo el jamás haber comprado el libro de Estivill, ni haber hecho caso a ninguna señorona que me aconsejaba dejar llorar a mi bebé o no cargarlo para no malacostumbrarlo…

Así fueron pasando los meses, mi bebé se volteó por primera vez, se sentó por primera vez, le salió el primer diente, empezó la alimentación complementaria, comenzó a gatear… y como nunca más pude volver a ver televisión (hace poco volví a ver Grey’s Anatomy y Dios mío, cuántas cosas han pasado…), me sumergí mucho, mucho más en los blogs de maternidad.

Y un día, mientras mi aún bebé dormía su siesta y yo aprovechaba para hacer algo de ejercicio (no me envidien, no me duró mucho la gracia), decidí abrir un blog. Yo, que siempre le había tenido pánico a la posibilidad de que alguien leyera mis escritos, me animaba a escribir por cuenta propia y nada más y nada menos que en internet. Y lo más extraño de todo, me animaba a escribir sobre un tema sobre el cual jamás pensé que iba a escribir: la maternidad. Ahora sé que si me atreví a abrir un blog fue por soledad, pero a este asunto volveré luego.

Pensaba publicar mi primer post en enero del 2013, pero por ciertos inconvenientes de logística familiar, esperé hasta el mes de abril. Así, sin tener mucha idea de WordPress, Twitter ni del oscuro funcionamiento de las Fan Page de Facebook, abrí mi blog con mucha ilusión. Y al mes y medio, algo muy triste ocurrió. Algo muy triste e inesperado que, ahora lo sé, desvió en más de una ocasión el camino del blog, y detuvo muchos de los planes que tenía en mente. Así, dejé de escribir con frecuencia, poco a poco fui dejando de leer otros blogs que me gustaban muchísimo, y fui abandonando mis incipientes actividades en las redes sociales. Incluso, hubo un momento en el que desaparecí sin previo aviso, y luego regresé afirmando que volvía recargada. Mentira. Lo intenté, pero no pude. Me seguía costando escribir con regularidad, leer a mis blogs amigos, conectarme a Twitter, etc.

Para colmo, durante la segunda mitad del año me enfrenté a un evento aunque no triste como el anterior, sí muy angustioso y estresante, al punto de que estuve a punto de tirar el blog por la borda, una vez más. Hasta escribí un post con la N de “No la hago”. Pero por algún motivo, seguramente por las lindas palabras de apoyo que recibí en dicho momento, no abandoné el blog. Paulatinamente, lo fui retomando y me puse como reto personal al menos terminar mi diccionario materno… y al parecer voy a hacerlo :)

Como les decía, yo empecé a escribir un blog por soledad. Sin ánimos de ponerme en plan Drama Queen (hay días en que amanezco más melodramática que de costumbre, pero hoy no es uno de esos), ser mamá en el extranjero, ser mamá teniendo a tu familia y a tus mejores amigas lejos es muy complicado. Y como a veces siento que el mundo entero está en mi contra (sorry, por más que intento no puedo evitarlo), abrí un blog para quejarme precisamente de todo aquello que complicaba mi vida como mamá.

En aquel entonces, no sabía que ese objetivo inicial iba a tomar un rumbo distinto y me iba a llevar algo completamente inesperado: la amistad. Sí, yo abrí un blog para quejarme de mi soledad entre tantas cosas, y sin saberlo, terminé encontrando a esas amigas que justamente necesitaba. Mujeres que como yo tenían algo que contar y decidieron volcar sus vivencias en el mundo 2.0. Ellas se convirtieron en mis interlocutoras. Entre nosotras, compartimos alegrías, penas y preocupaciones; intercambiamos opiniones, participamos en debates, y aunque no siempre estamos de acuerdo, nos une esa complicidad que solo se crea tras haber compartido una duda, un sueño, un anhelo o una verdad inconfesable. Así que hoy por hoy puedo decir que a falta de tribu real, yo tengo una tribu virtual. Y ya no me siento sola.

Por eso, a partir de ahora no habrá en el blog lugar a quejas; y si las hay, estas contarán con recomendaciones para enfrentar aquello que me aqueja (sí, estoy en onda creativa). Solo les pido que me aguanten dos post más en el AZ, ya que luego prometo cambiar de tema ;)

(Casi) un año después, solo me queda dar las gracias a todas aquellas personas que alguna vez transitaron por aquí y dedicaron minutos de su tiempo a leer estas líneas; a todas mis comadres, amigas virtuales, con quienes pese a los kilómetros y a veces un océano de distancia, puedo conversar como si nos estuviéramos tomando un café face to face; gracias por supuesto a mi niño, mi gordito precioso, porque contigo aprendí a ser mamá, y fue gracias a ti que por fin me animé a escribir sin que me importara la opinión de la gente; y gracias a ti esposo mío, infinitas gracias por tu compresión, apoyo, paciencia, sonrisas y miradas, y porque en esta aventura estamos y estaremos siempre juntos.

Ahora les dejo unas fotos, porque con piñatas se celebran mejor los cumpleaños :D
Pinata3

Pinata4

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La maternidad de la A a la Z: T de Trampas

Hay ciertas revistas que presentan de un modo muy particular la maternidad de algunas mujeres.

En sus páginas…

  • Las primeras damas señalan que han delegado la crianza de sus hijos a terceros, puesto que su recargada agenda de desayunos, almuerzos, cenas, reuniones, obras sociales y viajes, no les permite ver a sus bebés de pocos meses más de cinco minutos al día.
  • Las modelos aparecen posando en cuatro patas, mientras se jactan de que nunca parecieron realmente embarazadas, ya que sus músculos del estómago eran tan pero tan fuertes que nunca les salió mucha barriga.
  • Las periodistas afirman con orgullo que volvieron al trabajo una semana después de dar a luz, y que como no pudieron dar de lactar, son los esposos quienes se encargan de dar biberón, sacar chanchos y acostar al recién nacido de madrugada (lo cual es maravilloso, pero ¿la crianza no es acaso compartida?).
  • Las actrices cuentan cómo sus días empiezan a las 7 de la mañana y entre las grabaciones de la telenovela, la película y obra de teatro, no terminan hasta pasada la medianoche. Pero eso sí, antes del teatro, pasan por casa a darle un beso de buenas noches a sus hijos de pocos años de edad.
  • Las Miss Perú vuelven a la conducción del programa del mediodía al mes de haber dado a luz porque “en su casa se estresan”, y las bailarinas regresan a los ensayos a los 45 días porque sus presentaciones son “parte de su cuerpo”.

Entonces yo considero que al mostrar esta imagen de una maternidad supuestamente moderna, lo que se busca es que las mujeres caigamos en una trampa, la trampa del “sí se puede”: sí se puede ver a tu bebé escasos minutos al día y estar involucrada al 100% con su crianza; sí se puede volver a estar flaca, regia, metida en una tanga al poco tiempo de haber dado a luz; sí se puede hacer que tu esposo se encargue exclusivamente del bebé en las madrugadas, entre otros “sí se puede” que una vez que eres madre, te das cuenta de que son meras patrañas.

La trampa del sí se puede te dice pues que luego de haberte convertido en madre, debes seguir con tu vida, con tus objetivos personales y con tus metas profesionales, inmediatamente. Y si no lo logras, es porque no eres lo suficientemente fuerte ni lo suficientemente buena, ni lo suficientemente práctica ni lo suficientemente inteligente.

La trampa del sí se puede va acompañada de la trampa de la resignación: escuchamos entonces frases como “así es la vida” o “es lo que nos toca vivir en esta época en que la realización personal la encontramos en el trabajo”.

¿Y qué pasa entonces cuando sientes que tú no puedes? ¿o cuando tienes la posibilidad de no resignarte?

A veces una se cansa de que no solo las revistas sino a veces el círculo cercano te diga que así es la vida, que en la sala cuna lo cuidan igual de bien, que es normal que las mamás vuelvan a trabajar llorando tras los pocos meses de licencia de maternidad, o que en Estados Unidos los permisos duran a veces solo dos semanas.

Yo no me creo una mejor madre porque haya decidido quedarme en casa al cuidado de mi niño durante sus primeros años de vida. Tampoco me siento culpable por no ser “productiva” ni formar parte del mercado laboral durante un tiempo, porque el que me quede en casa no significa que me esté rascando la panza, y porque tampoco pretendo ser una stay at home mom por el resto de mis días.

Creo, más bien, que se trata de una cuestión de tiempos: así como llegó el momento en que me sentí tranquila dejando a mi hijo con alguien más por unas horas, así como llegó el momento en que consideré necesario empezar a buscarle un jardín, llegará el momento en que pueda volver a enfocarme en mi profesión, y quien sabe, hasta vuelva a entrar en una tanga :D  Pero ello no tiene por qué ocurrir inmediatamente después de haber dado a luz. Una sabrá cuándo es el momento, y así no caerá en ninguna trampa.

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La maternidad de la A a la Z: K de Kafkiano

La RAE ofrece tres definiciones de “kafkiano”:

  1. adj. Perteneciente o relativo a Franz Kafka o a su obra. Las novelas kafkianas.
  2. adj. Característico de este escritor checo o de su obra. Visión kafkiana del mundo.
  3. adj. Dicho de una situación: Absurda, angustiosa.

Esta vez, me voy por la tercera acepción. Para muestra, un botón:

Tía M envía un regalo para mi hijo, desde Gringolandia a la ciudad tercermundista en donde vivo. Pasan más de dos semanas y el envío no aparece por mi puerta. No  me preocupo porque el año pasado fue igual: los chocolates por San Valentín se demoraron siglos en llegar.

Pero como el tiempo sigue pasando y el regalo sigue sin aparecer, un viernes tía M decide llamar al Correo gringo para saber qué pasó. Y entonces le confirman que el regalo llegó a Bogotá hace exactamente un mes… UN MES!

Me robaron, pienso, y llamo inmediatamente a la capital. Me contesta una voz que me dice que para poder registrar mi llamada, necesita que le brinde cierta información. Así que le doy mi nombre completo, mi número de identificación, un teléfono donde pueda contactarme y mi correo electrónico.

La voz hace las averiguaciones del caso y me informa lo siguiente: El regalo llegó efectivamente hace un mes, y se quedó en Aduana porque como pesaba X kilos, yo debía primero pagar un impuesto, para que así me lo enviaran a mi casa.

¿Y cómo diablos yo debía saber eso? Pues el Correo debía de enviarme una carta a mi casa, la cual por supuesto, nunca envió.

Le hago jurar a la voz que el regalo no se ha perdido, que no se lo han robado, porque son juguetes para un niño de 2 años, y que deben de tener un poco de compasión. Se lo hago jurar por su madre.

Luego la voz me entrega el número de radicación de mi queja, y me dice que dado que es viernes, la carta debe de llegar a mi casa a más tardar el martes de la próxima semana.

Y de pronto es miércoles. Y la carta todavía no llega.

Llamo nuevamente a Bogotá y otra voz me vuelve a pedir mi nombre completo, mi número de identificación, un teléfono donde pueda contactarme y mi correo electrónico. Le digo que ya di mis datos, y me responde que si no los doy de nuevo, no me puede atender. Tengo ganas de mandar al carajo a alguien.

Y estas son las noticias: la primera voz que me atendió al parecer nunca gestionó mi queja, y la nueva voz que me atiende ahora me aconseja llamar a la oficina de Correo de mi ciudad , porque tal vez ellos me pueden ayudar a acelerar el trámite. Le hago también jurar a esta voz que el regalo no se ha perdido, que no se lo han robado, que es para un niño de 2 años, y que deben tener un poco de misericordia. Esta vez se lo hago jurar por la Santa Virgen Madre de Dios.

Llamo entonces al Correo local, y me dicen que ningún problema, que me acerque a la oficina para que ellos impriman la bendita carta. Y cuando voy y se disponen a imprimirla, el sistema no lo permite, porque al parecer hubo unos errores con la emisión de esas cartas en el pasado, y ya no les dejan imprimirlas.

Entonces me sugieren llamar a la oficina de la ciudad vecina de Manizales, para que ellos me envíen la carta a mi correo electrónico. Así yo la puedo imprimir y pagar la suma en el banco o en la misma oficina en la que estoy. No, en realidad me dicen que mejor pague en la oficina y no en el banco. Pero eso sí, el trámite tiene que ser ya el lunes, porque es sábado y el sábado en Manizales a esa hora ya no atienden el teléfono.

El lunes llamo a Manizales y una nueva voz me vuelve a pedir mi nombre completo, número de identificación, un teléfono donde pueda contactarme y mi correo electrónico. Yo ya estoy a punto de llorar. Y me dice que el plazo para pagar era hasta mediados de febrero, y que ya es marzo. Le explico que cómo iba yo a saber que tenía un plazo para pagar si nunca me llegó la maldita carta…

Pero por suerte me logran enviar la carta a mi correo electrónico! Así que la imprimo y me voy muy contenta a la oficina del Correo… para que me digan que el sistema está lento, que tiene un problema, que no reconoce la carta, y que mejor vaya al banco. Pero claro, ya será mañana porque el banco a esta hora ya está cerrado. Y que luego, por supuesto, vuelva otra vez a la oficina con la carta y el recibo del banco, para que así puedan finalmente enviarme el regalo.

Madres del mundo, por favor crucen los dedos, recen por mí, mándenme sus buenas vibras, porque estoy a punto de morir de la ira.

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***

Si deseas, puedes leer el resto del diccionario en los siguientes enlaces:

A de Años - B de Barriga - C de Colombia - D de Dudas - E de Escribir - F de Fragilidad - G de Grinch - H de Hija - I de Insomne - J de Jerga - K de Kafkiano - L de Libros - M de Madrugada - N de No - ñ de ñusta - O de Odisea - P de Planes - Q de Quién soy  - R de Rencillas - S de Sonreír - T de Trampas - U de Urbana - V de Volver - W de Wantán -X de Xuxa - Y de Yunaites - Z de Zenit

 

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La maternidad de la A a la Z: U de Urbana

Porque no vivo en un pueblo. Ya quisiera.

Los limeños somos seres, por naturaleza, centralistas. Creemos que el Perú (y a veces, el universo) gira a nuestro alrededor.  Somos capitalinos, miramos en menos a las provincias, nos creemos la cagada. Si nos mudamos al extranjero, ojalá fuese a ciudades como Nueva York, París o London. De lo contrario, caerá sobre nosotros la lapidaria frase: “Vive en un pueblo”, expresada con una infaltable levantada de ceja y mirada de horror.

Cada vez que viajo a Lima, me encanta ver la cara que pone mucha gente cuando contesto que no vivo en Bogotá, ni en Cali, ni en Medellín, ni en Cartagena ni en Barranquilla, sino en una ciudad que aquí se denomina “intermedia”. Y como al parecer, dicho concepto en el Perú no existe, no ha de faltar quien piense que me movilizo en carreta. Con decirles que algunos se sorprenden cuando les cuento que en la ciudad donde vivo hay taxis y centros comerciales.

Mi mamá dice que la culpa la tiene Andrea Montenegro –actriz peruana que vive en las afueras de Bogotá, en donde educa a sus hijos bajo los parámetros de la crianza natural, y en los reportajes aparece rodeada de los animalitos de su granja– y que no les haga caso. Entonces le digo a mi mamá que todo lo contrario, que a mí me encanta que piensen así.

Sí, la misma mujer que antes de ser madre buscaba abandonar su ciudad natal solo para vivir rodeada de rascacielos, no hace mucho descubrió que con un niño pequeño es una maravilla que todo, absolutamente todo –desde el pediatra hasta el centro comercial– quede a cinco minutos manejando.

Y como a lo largo de mi vida, el contacto que tuve con la naturaleza fue casi inexistente, trato de llevar a mi hijo con mucha frecuencia al campo, para que corra por los cafetales, y para que no le pase como a mí, que me dan miedo las vacas y solo una vez en mi vida he montado a caballo.

Sí, la misma mujer que acaba de pronunciar las anteriores palabras, era aquella que hasta no hace mucho soñaba con residir única y exclusivamente en una metrópoli; la misma que también alguna vez calificó la vida de pueblo con horror…

Y ahora, contra todo pronóstico, soy una doña que vive feliz en su ciudad intermedia, sabiendo que además tengo la oportunidad de reconciliarme con las vaquitas.

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¿Han visto como me cambió la maternidad?

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http://trimadre.blogspot.com.es/p/jjj.html

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